El festín de las mariposas
9 de diciembre de 2014
Siempre he tenido la percepción de que cada cosa que vivía lo hacía de forma tal o que de tal manera pasaban en mi existencia que todo quedaba absorbido por las sensaciones ocurridas en ella. La vida siempre me ha resultado increíblemente amena, la fotografía me ha hecho vivir situaciones de todo tipo, la pintura me ha sumergido en otros espacios sensoriales, algo a lo que tal vez solo asistía yo, no por nada relevante ni tan siquiera por verme inmerso en nada de lo que rodea a la fascinación artística, que siempre me pilló lejos, ausente o al menos desprevenido, sino porque eran universos de evasión creativa que iban más allá del deseo de plasmar nada trascendente, en los que la soledad en todo caso resultaba reconfortante y por tanto también amena y divertida; igualmente los acontecimientos familiares o de cualquier otra circunstancia me parecían intensos, especiales. Todo ello seguro que no eran tan diferentes de lo que le ocurre al común de los mortales, entonces ¿Que es lo que ha hecho que todo me parezca tan especial y maravilloso en mi vida? pues la forma en que he deseado vivir todo, con intensidad, con pasión, pero todo ello aplicado a cualquier hecho, por intrascendente que pudiera parecer pero consciente de que en sí mismo era único y que debía quedar atrapado en mi retina, en mi alma, en mi corazón, es decir en mi sentimiento.
Con el tiempo todo esto ha ido evolucionando y transformándose, convirtiéndose en un prodigio de extraordinaria metamorfosis y sin dejar en ningún momento de ser un egoísta he ido invirtiendo el sentido de mis actos, en un proceso lento, casi imperceptible, pero que finalmente me ha llevado a extrapolar la trascendencia de lo propio, al espacio de lo ajeno, así, todo cuanto me llegaba en primera persona ahora me llega por terceros, he descubierto a través de la educación, a través de este simbiótico y maravilloso proceso de enseñanza –aprendizaje el placer de dar sin esperar recibir y resulta que es cuando más y más obtengo y observo que es cierto que cualquier forma de proceder altruista es en realidad una manera más del egoísmo que nos es inherente, pero hay algo, cuando estás ante niños que esperan lo mejor de uno, que hace que esa relación sea tan diferente y enriquecedora. Sé que este nuevo camino no es fácil que desgasta y agota, ya lo voy notando, pero sé que me hace inmensamente feliz.
Estar en la escuela es asistir a una especie de festín de mariposas: diferentes, multicolores, en vuelo continuo , tanto, que a veces, hasta marea con su incesante revoloteo.
Y también con el sentimiento de lo efímero, porque cada año, cada curso, se alejan de ti, dando paso a otras nuevas mariposas con su ritual de alegres aleteos.
Y también con el sentimiento de lo efímero, porque cada año, cada curso, se alejan de ti, dando paso a otras nuevas mariposas con su ritual de alegres aleteos.

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