He encontrado este tiempo y este espacio para poder compartir esta primera semana de colegio, esta mi primera experiencia como maestro y tutor de un grupo de 1º de Primaria
¡Qué maravilla compartir todas esas horas con estos chiquitines! En sus miradas están poniendo un montón de sentimientos y así, todos al mismo tiempo: de dudas, de incertidumbre, a veces hasta de temor por enfrentarse a lo desconocido y al desconocimiento, de continua esperanza, de anhelo, se sorpresa, de admiración, de alegría, de pesar, de satisfacción, de aburrimiento, de exaltación por conseguir superar un pequeño reto, de impaciencia por no verse atendidos de inmediato, de ternura, de amabilidad, de agradecimiento, de enfado cuando les llamas la atención o incluso de pena si es que eso les aflige, a ratos de nostalgia cuando miran hacia la ventana, seguro que pensando en su libertad perdida cada mañana, también de desdén o fastidio ante una tarea algo más complicada y difícil de solventar, de sueño (¡¡Pobres!!), de irremediable conformismo por tener que acatar esas pequeñas normas con las que se han comprometido y que no entienden muy bien del todo, de ese sentimiento de emoción ante la aprobación de su profe por una tarea bien hecha...pero de todas las expresiones que son capaces de manifestar me quedo con esa última al final de jornada cuando les acompaño hasta la puerta del colegio y nos despedimos con un beso y un abrazo y entonces me sonríen felices dejando flotar en el aire la dulce sensación de que al día siguiente tendremos la alegría del feliz reencuentro y entonces contentos abandonan los brazos del sistema social que les obliga a estar en el colegio para dejarse caer en los brazos de sus mamás y papás pero...hay esa última mirada, en ese último ¡¡Hasta mañana!! lleno de complicidad que a mi me llena de ilusión para seguir trabajando por ellos, para seguir esforzándome y para que sean inmensamente felices en su colegio, porque en esta primera semana he comprendido algo absolutamente maravilloso y es que la mejor forma de aprender es sintiéndonos felices.
Y así me siento yo, feliz por seguir aprendiendo, porque lo que estos niños y niñas no saben todavía es que con ellos el qué más aprende soy yo.
Por eso me he dado cuenta al temirnar esta primera semana y hacer esta reflexión, que consciente o inconscientemente, no lo sé, he eludido sentarme en la mesa del profe y me he sentado en una mesa y una silla como la de ellos, para mejor compartir. A mi de pequeño recuerdo que me impresionaba la mesa del profe y aquellas figuras adultas orgullosas de ostentar el poder, de una manera u otra, más amables o menos, más cariñosos o menos, pero siempre vi en aquella mesa la representación del poder omnimodo que todo lo sabía y todo lo podía y ante la cual yo me sentía muy pequeño, yo prefiero que mis niños y niñas se sientan gigantes, la mesa del profe es para todos, lo siento sé que es difícil estar de acuerdo con esto pero yo no siento perder ningún tipo de autoridad por ello, todo lo contrario, mi autoridad moral no me la ha otorgado un título, ni una administración, ni siquiera yo mismo, me la otorgan ellos y ellas con su cariño y con el que yo soy capaz de darles.
Deleita leer algo tan personal, educativo, íntimo, amoroso, escrito desde la emoción y... con tanta autoridad. Como ya te dije tienen mucha suerte esas niñas y esos niños.
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